Simón y Lucía unen lo que queda: sonidos reconstruidos, imágenes proyectadas, recuerdos mezclados con nuevas creaciones.
El nuevo lugar no intenta imitar al viejo club, sino continuarlo.
Kaputt ya no es un sitio: es una frecuencia, un pulso que cambia de forma, una comunidad que vuelve a reunirse en otro nombre. Simón entiende que la memoria no se guarda: se reinterpreta.
El latido continúa.
Fin