Kaputt era un ritual sin credo, una comunión hecha de beats, cuerpos y sombras.
Un lugar que no pertenecía a nadie, pero que todos sentíamos nuestro.
Simón, joven productor y arquitecto sonoro, encontró ahí su propósito.
Lucía, artista visual, convertía las luces en sueños.
Entre ambos, nacía algo más que arte: una fe en el sonido.
Pero toda frecuencia tiene su corte.
CUANDO TODO SE APAGA