Simón logra recomponer parte del sonido: un eco de voces, risas, un beat que vuelve a tomar forma.
La reconstrucción le devuelve algo más que audio: le devuelve propósito.
Encuentra una nota de Lucía: “Lo que perdemos no desaparece, solo cambia de ritmo.”
Con ese mensaje, decide buscarla.
El rastro lo conduce a un nuevo lugar, un viejo colegio abandonado del que todos hablan últimamente.