Simón deja los fragmentos como están. No quiere manipularlos. Cree que, si el pasado debe volver, lo hará por sí solo.
Semanas después escucha rumores: un grupo de artistas está ocupando un colegio viejo, haciendo proyecciones y fiestas sin nombre.
Tal vez el polvo nunca fue el final.
LA INTENSIDAD SIEMPRE DA FRUTOS